Cristina Daura: Color, humor, dolor (parte II)

Continuamos con la interesante y extensa entrevista que nos concedió Cristina Daura, una de las ilustradoras más influyentes de nuestro país. Puedes leer la primera parte aquí.

P. Hoy ya empiezas a aparecer en las listas de referentes de otros ilustradores/as o diseñadores/as, ¿cuáles son los de Cristina Daura? ¿Nos podrías hablar de otros/as colegas de profesión que admires?

Tengo referentes de muy diversas disciplinas: pintura, cine, fotografía, arquitectura…, pero sería una lista interminable. Las referencias más claras vienen del cómic, pues los he leído toda mi vida. Los primeros que me vienen a la cabeza serían Daniel Clowes, Chris Ware… (este último bastante obvio).

Si me voy a nombres más contemporáneos, hay un dúo que admiro muchísimo y que para mí fueron una revelación, sobre todo cuando estaba tocando fondo. Como comentaba más arriba, hubo un tiempo en el que cambié mi estilo para intentar encajar en el mundo laboral que en ese momento predominaba. Yo venía de hacer cosas más punkies, oscuras o alternativas, que eran difícil de encajar en lo que se estaba llevando a cabo, sobre todo en España. Este dúo, Icinori (a los que que conocí por Internet), fue un gran revulsivo para mí. Ellos demostraban que se pueden hacer cosas oscuras y originales, pero con una elegancia y calidad brutales. ¡Y vivir de ello! El día que los conocí en persona, se lo dije. Gracias a ellos me convencí de que tenía que volver a lo que hacía antes.

Otro gran referente sería Oliver Schrawen, un ilustrador belga cuyo trabajo admiro muchísimo.

Hubo un tiempo en el que cambié mi estilo para intentar encajar en el mundo laboral que en ese momento predominaba

También Instagram está lleno de gente que me encanta, pero que luego me olvido de sus nombres. Se me vienen a la cabeza Aaron Lowel (USA), Brigade Cynophile (Felicité Landrivon / FR), que hacen unos diseños que me flipan muy relacionados con la música; la chica que le hizo la portada al nuevo de Metronomy, Anne Zeum (FR). Además, a nivel de colegas de aquí, admiro muchísimo el trabajo de Marc Torices, con una sensibilidad muy heavy; el trabajo de María Medem me parece la hostia (es muy joven y una gran amiga). Y otros amigos que me encantaría recomendar, pero ahora mismo no sé decirte.

P. Al tener un estilo tan característico y que los clientes reclaman, ¿cómo haces para no estancarte y evolucionar? ¿Han cambiado mucho tus ilustraciones desde que empezaste a dedicarte a esto profesionalmente?

Cada dibujante tiene un período de evolución. Yo me aburro de las cosas en general. Cuando algo o alguien me gusta mucho, a la vez quiero que evolucionen. Pero no puedes exigir a esa persona que cambie en un periodo de tiempo corto. Un cambio radical de un año para otro haría que algo del mensaje se pierda por el camino. Yo me dedico profesionalmente a la ilustración estando cómoda con mi trabajo desde hace algo más de cinco años. Antes de eso, estuve dando palos de ciego para encontrar mi camino, buscando gustar a la gente y al mercado. Y esto me estaba alejando de lo mucho que disfrutaba dibujar. Llegó un punto en el que hasta lo odié, tristísimo. Afortunadamente, le puse solución.

A nivel estético, las cosas pueden cambiar, pero se necesita tiempo para evolucionar. Ahora veo lo que hice hace cinco años y pienso que hay cosas que habría hecho de otra manera, pero en el mensaje o lo que estaba expresando sí que me veo reflejada. Esto me pasa también con dibujos de hace 15 años. Las formas y la estética no son las mismas, pero me veo en el mensaje. Se trata de la personalidad de tu trabajo, que es lo más puro (aunque también evoluciona). La estética, la carcasa, es lo que visualmente cambia.

Ahora veo lo que hice hace cinco años y pienso que hay cosas que habría hecho de otra manera, pero en el mensaje o lo que estaba expresando sí que me veo reflejada

El proceso de cambio es lento y la forma es innovando y expresando, tratando de no quedarte siempre en los mismos códigos o fórmulas, que para mí es aburrido. Parece algo muy tonto, pero si cambias un poco la paleta de color, a lo mejor los clientes no se dan cuenta e impones ese cambio en el proyecto.

No obstante, hay clientes que en cuanto les ofreces algo diferente de lo que esperan de ti, lo rechazan. Esto me pasó hace poco con The New Yorker. Quizá un encargo para un gran cliente no es el mejor sitio para hacer campo de pruebas, por lo que trato de experimentar en paralelo para luego intentar venderlo al cliente. Yo veo mi trabajo evolucionar y eso me hace sentir feliz. En retrospectiva yo lo veo claramente, otra cosa es que lo vean los demás. Pero eso te la tiene que sudar un poco.

Parece algo muy tonto, pero si cambias un poco la paleta de color, a lo mejor los clientes no se dan cuenta e impones ese cambio en el proyecto.

P. Llama la atención la cantidad de trabajos que has realizado para el mundo de la música; artistas como Dan Deacon, Khruangbin, Black Islands o Joe Crepúsculo se cuentan entre tus colaboraciones. ¿Qué relación tienes con este mundo? ¿Para qué artista musical te gustaría ilustrar?

R. Siempre lo he dicho, vengo de una familia que le gusta mucho la música (a mi padre especialmente) y esta siempre ha formado parte de mi vida. No concibo mis recuerdos de infancia sin una banda sonora de fondo. La música para mí es uno de los pilares fundamentales de mi día a día y de mi estado anímico, que a su vez influye en mi trabajo.

En su momento intenté tocar algún instrumento, pero no funcionó. Así que pensé en otras formas de agradecer o devolver ese regalo a la gente que la produce. Trabajar en el mundo de la música siempre fue una ilusión y desde pequeña hacía carteles para conciertos underground. Los tomaba como un campo de pruebas y siempre me ha gustado involucrarme en este ámbito. Con el paso del tiempo y la profesionalización, pensaba en que me encantaría trabajar con esta artista o con este otro… y cuando por fin ocurre es genial. También pensaba: “Ojalá pueda trabajar con The New York Times algún día”, y lo conseguí.

Trabajar en el mundo de la música siempre fue una ilusión y desde pequeña hacía carteles para conciertos underground, aunque no me los encargaran.

Para trabajar con una banda es fundamental que la música o el proyecto me guste. He llegado a rechazar algunas propuestas porque no me encajaba nada la música. Ahora estoy trabajando con un cantante de pop chino que no me flipa especialmente, pero prevalece la intriga y curiosidad de ver mis ilustraciones en movimiento en un videoclip.

Hay tantos grupos con los que me gustaría currar…, independientemente de que sean grandes o pequeños; no sabría decirte. Sí que me a gustaría mucho hacer escenografía, que no lo he hecho nunca. Aunque requiere mucho tiempo y cariño, que no sé si ahora mismo le podría dedicar.

P. Has realizado el cartel del CanelaParty 2020, ¿cómo surge este encargo? En los créditos se indica que está realizado en colaboración con Jabier Rodríguez. Cuéntanos más sobre este diseñador y la manera en la que trabajáis juntos a pesar de la distancia.

R. El Canelaparty lo conozco desde hace años a través de peña de Málaga que siempre me hablaba de este evento, incluso desde los inicios, cuando era más pequeño. Un día subiste un stories de un cartel mío en Madrid -se refiere al entrevistador- y vi que eras uno de los organizadores del Canela. Entonces charlamos un rato y te dejé caer que me encantaría hacer el cartel un año. Y de ahí vino el encargo.

Jabi es un gran diseñador y tipógrafo con ideas muy guais. Lo conocí por su programa de radio Carántula, en el que se reúne con sus amigos para hablar de portadas de disco. En uno de ellos comentaron un disco diseñado por mí y me escribió para comentármelo, que le hacía ilusión que lo escuchara. Aunque algunos datos eran erróneos, me flipó la idea y empezamos a hablar y nos caímos genial. Un día que subí al País Vasco me acoplé a su programa y desde entonces hablamos a diario y empezamos a darnos feedback de nuestros trabajos.

Flipé con sus diseños de lettering y le propuse ayudarme con varios encargos de diseños de disco que tenía. La parte de lettering es la que más me cuesta y se me hace estresante, por lo que me parecía una idea genial poder trabajarla con alguien como él. Rápidamente vimos que encajábamos guay y siempre que hago cosas de gráfico intento involucrarlo porque la confianza es muy grande y me siento muy cómoda.

Me encantaría tenerlo más cerca para que el trabajo fuera más fluido, pero eso no va a pasar porque a él le encanta Donosti y no se va a mover. Es probable que pronto colaboremos en un libro en el que él se encargará de la maquetación. Aparte del cartel del Canela, otro proyecto que hicimos juntos, y que me encanta, es el póster de la gira sudamericana de Khruangbin.

P. Tus carteles para “VERANOS DE LA VILLA” inundaron Madrid el pasado verano. Las campañas institucionales llevadas a cabo la pasada legislatura del Ayuntamiento de Madrid, con Nacho Padilla como director creativo, han sido alabadas internacionalmente. ¿Cómo fue esta experiencia?

R. Fue muy interesante realizar este proyecto porque era la primera vez que hacía algo a tan gran escala y exposición. La experiencia fue brutal. Intentamos buscar un punto intermedio entre mis composiciones rebuscadas con viñetas y algo más sencillo, directo o menos recargado. Mis trabajos suelen estar más destinados al diseño editorial y utilizar los mismos códigos iba a hacer que algunos detalles se perdieran. Finalmente encontramos ese punto intermedio.

Tuve mucha suerte porque la gente detrás de este encargo (Nacho Padilla y Maral Kekejian) tienen una mentalidad abierta y fresca. Mención especial también a Nuria Úrculo, encargada de la parte editorial y tipográfica.

Hubo un momento en que discutimos porque me hicieron realizar cambios en carteles ya terminados, porque los veían demasiado violentos, pero al final les acabé dando la razón. Yo no era consciente de a qué escala se iba a ver ese proyecto y que una ciudad entera tenía que verse representada. Ellos eran los responsables de que la campaña funcionara y sus cambios estaban fundamentados. Aun así me dieron mucha libertad y todos acabamos muy contentos con el resultado.

P. Eres hermana de Xavi Daura, del dúo cómico Venga Monjas. ¿Cómo se lleva en la familia tener a dos hermanos artistas en dos disciplinas tan diferentes? ¿Crees que en vuestra trayectoria ha influido la educación que os dieron vuestros padres o se ha debido a otro tipo de motivos?

Para que te dediques a algo creativo, es importante el impulso favorable familiar. Mis padres tienen trabajos ajenos al mundo de la creatividad, pero mi padre hacía garabatos y dibujaba, y a mi madre le gustaba escribir. Ambos acabaron dedicándose a sectores más lucrativos, supongo que por el tipo de educación que les dieron, pero han sido muy felices con sus empleos. Sus intereses culturales nos han influenciado mucho para bien. En casa nunca hubo filtro del tipo “no puedes hacer esto o lo otro”. Nos han impulsado mucho en lo que se nos daba bien, lo que merece todos mis respetos porque mi hermano y yo hemos apostado por cosas complicadas (guionista/humorista e ilustración), y para alguien ajeno a esos mundos, es complicado confiar porque no sabes si tu hijo va a poder sobrevivir.

Mis padres nos han apoyado mucho y también han sido igualmente importantes el humor, los viajes, ver mucho mundo, las películas, la música… Mi padre es muy gracioso, le flipan los cómics y mi madre está como una campana. No hubo filtros y nunca nos tuvimos que callar. También han sido muy exigentes en la cultura del esfuerzo y esto nos ha trastornado un poco a mi hermano y a mí, pero eso ya no se puede remediar.

Xavi y yo nos hemos ido retroalimentando. Todo lo que hace mi hermano lo entiendo perfectamente, me parece muy lógica su trayectoria porque sé perfectamente de dónde viene todo. Mis padres nunca le han cuestionado porque también lo entienden, lo ven coherente. Yo soy muy feliz con el entorno en el que he crecido: me encanta cómo son mis padres y mi hermano a pesar de las grandes peleas que hemos llegado a tener, como cualquier relación fraternal.

P. He leído tanto en tu Instagram como en alguna entrevista algo sobre una novela gráfica que nunca llega. Tu relación con el mundo del cómic es estrechísima. ¿Sigue siendo uno de tus proyectos a medio plazo? ¿Qué otros retos trae el futuro?

R. Yo tenía una novela gráfica que hace tiempo que está ahí parada, en parte debido a la autoexigencia y a la búsqueda de la perfección, lo que ha hecho que no la termine. Hubo una época en mi vida que era mucho más exigente conmigo misma que ahora, justo cuando estaba dedicándole más tiempo a ese cómic. Se juntaron muchas cosas y yo quería que saliera de puta madre. También me autosugestionaba un montón porque me cuesta mucho pensar que mis historias valen la pena y además, estaba la presión de que me había comprometido con unos amigos que iban a pagar la publicación.

Cuando tenía tiempo, era excesivamente exigente y ahora que estoy más relajada, no tengo tiempo, por lo que ha quedado en el olvido. Espero solucionarlo algún día, pero no quiero rayarme con ello. Antes me frustraba un montón por haber aparcado el proyecto, pero ahora pienso diferente. Autoflagelarse no lleva a ningún sitio. Aun así estoy contenta con lo que hice, porque me sirvió como campo de pruebas y me llevó a lo que estoy haciendo ahora.

Antes me frustraba un montón por haber aparcado el proyecto, pero ahora pienso diferente. Autoflagelarse no lleva a ningún sitio.

P. Para terminar, qué consejo le darías a la Cristina estudiante que podamos trasladar a los alumnos/as de artes gráficas de hoy en día.

R. Les diría que PACIENCIA, que las cosas evolucionan. Los tiempos cambian y no es lo mismo lo que hicimos en los 90 que lo que se hará más adelante, por lo que no hay que seguir el mismo camino o imitar a tus referentes. Está bien tenerlos, pero no hay que seguir al rebaño y hay que buscar lo que realmente te haga feliz. No siempre lo que gusta a todo el mundo es lo correcto. Por último, hago hincapié en que hay que currar, que curren un montón, que no paren, que se involucren en todas las cosas que les apetezca hacer, que todo lo que hagan o intenten hacer sea porque les hace feliz y no por hacer felices a otras personas.

Nada más, muchas gracias por tu atención y esperamos que la entrevista te haya resultado interesante.

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