El cartel del 23 Festival de Málaga y el problema de los concursos públicos

Pedro Cabañas posa junto a su obra.

La noticia

El 23 Festival de Málaga ya tiene cartel oficial, titulado “Mucho Más Málaga” y obra del diseñador extremeño afincado en Sevilla Pedro Cabañas. Así explica el autor el concepto que le ha llevado a hacerse con el premio:

“La propuesta reproduce repetitivamente y en diferentes colores la letra ‘M’, aunque la central es la que recuerda a esa alfombra roja que serpentea por la ciudad y que llega a calle Larios donde podemos pasearla”.

Pedro Cabañas – Diseñador del cartel del 23 Festival de Málaga.

El cartel nos puede gustar más o nos puede gustar menos (yo no voy a entrar en ello). Igualmente, podemos estar de acuerdo o no con las palabras de Pedro. Al menos, me quedo tranquilo al saber que el ganador es un profesional del diseño que trabaja a menudo con la industria del cine y conoce las necesidades de adaptación de formato y tamaños tienen este tipo de trabajos. Por tanto, entiendo que habrá pensado más allá de la pieza del cartel, previendo las aplicaciones futuras del mismo. En marzo podremos contemplar los resultados cuando el diseño invada la ciudad de Málaga en sus diferentes versiones.

«Mucha Más Málaga». Cartel oficial 23 Festival de Málaga.

Si os interesa el cotilleo y queréis leer algunas reacciones al fallo del jurado, no tenéis más que visitar las redes del festival o los periódicos locales, donde incluso han publicado una encuesta (ahora mismo en tablas) para conocer si el cartel gusta al público o no. Hay quien habla de mareo y epilepsia, otros de que no tiene nada que ver con el cine… Pero nosotros no vamos a hablar del cartel en sí, sino de la problemática de los concursos abiertos.

El problema

Que el Festival de cine de Málaga anuncie su cartel oficial y salte la polémica no es ninguna novedad (aunque esta edición los ánimos parecen más calmados). No recuerdo un año en el que no hayan existido críticas tras la presentación de la nueva imagen, a veces bien fundamentadas y otras meras pataletas de aspirantes no premiados. Lo que está claro es que (casi) nunca tenemos un cartel 100% profesional.

¿Por qué? La respuesta es muy sencilla y nada nueva: Porque el cartel se elige a través de un concurso público abierto. ¿Y qué problemas nos trae eso? Los siguientes:

  1. Se puede presentar cualquier persona aunque no ejerza la profesión de diseñadora.
  2. Los verdaderos profesionales tienden a no presentarse a concurso por tener escasa confianza en un sistema de este tipo (o hacerlo dedicando un tiempo y esfuerzo mínimos).
  3. Estos concursos suelen contar con jurados no profesionales o ajenos a la disciplina del diseño.
  4. Para seleccionar ganador solo se tiene en cuenta un cartel y no un sistema de diseño o identidad completa y coherente, sin prever cómo será aplicada la propuesta en otros formatos y soportes.
  5. Es imposible tomarse un concurso público abierto con la misma seriedad y ganas que un encargo directo remunerado, con un buen briefing, presentaciones completas, revisiones y reuniones con el cliente (por más que Pedro Cabañas diga lo contrario).
  6. Los concursos parten de una desconfianza. Los encargos lo hacen de la confianza.

El método de selección

Pero no acaba aquí la cosa. Para más INRI, tenemos el controvertido sistema de elección de finalistas, donde encontramos dos vías:

  1. Primera: 10 finalistas elegidos por votación del público. O, lo que es lo mismo, se convierten en finalistas los carteles diseñados por personas que no tienen ningún reparo en dar el coñazo a sus amigos para que voten cada día su propuesta. Cosa que hasta hoy no ha servido para nada porque nunca ha ganado un finalista elegido por esta vía. Y menos mal…
  2. Segunda: 10 finalistas elegidos por selección directa de la organización. De donde hasta ahora siempre ha salido el cartel ganador. Interesante remarcar que el Festival de Málaga no es una institución con suficientes conocimientos de diseño como para hacer una selección profesional. Eso sí, esta suele ser algo mejor que la elección por voto público, cosa que tampoco es muy difícil.

Votación del público:

La elección del festival:

Respecto a la segunda vía, la selección del Festival es cada año menos arriesgada, repitiendo fórmulas muy similares a las de años anteriores. Por fortuna, ya abandonaron la tendencia de la eterna metáfora visual del elemento malagueño mezclado con elemento relativo al cine. Y no es que no me gusten las metáforas visuales; de hecho, resulté ganador de este concurso en su 15ª edición con una de ellas) propuesta diseñada cuando trabajaba para el estudio malagueño bRIDA y que tampoco se salvó de unas irrisorias críticas).

Cartel del 15 Festival de Málaga por bRIDA.

Este sistema, sumado a la alta participación y expectativas de los autores, desemboca siempre en un divertido elenco de berrinches cuando acaba ganando un cartel seleccionado por el propio festival (incluso con modificaciones posteriores sobre la propuesta inicial). Aparece así cada año la palabra TONGO, algo con lo que estoy en total desacuerdo. No puede haber tongo porque no incurren en ningún procedimiento que no esté así estipulado en las bases. Pero ya sabemos que a la gente no le gusta leer.

La novedad

Llegados a este punto, este año sumamos una nueva cagada al ya cuestionable modus operandi del concurso. para esta edición el Festival de Málaga ha tenido la genial idea de invitar a los participantes a utilizar este logotipo o leyenda oficial:

“El cartel deberá incluir obligatoriamente la versión oficial del logotipo 23 FESTIVAL DE MÁLAGA, 13-22 de marzo de 2020”.

Bases del concurso.
El logotipo o leyenda textual oficial.

Es decir, te imponen* el diseño de la parte textual, dejando fuera del proceso creativo una parte tan importante para el resultado final como la elección tipográfica y la composición de texto, algo que me parece un error garrafal. Por si fuera poco, nos encontramos con que la pastilla de texto que nos ofrecen está desequilibrada, mal compuesta y resulta totalmente anodina. Este detalle es para mí lo peor del cartel ganador y se trata del único elemento que no ha diseñado el premiado.

*Sí es cierto que te permitían trabajar el texto a tu antojo mientras incluyeras la versión aportada por el Festival en algún lugar del cartel, pero te recomendaban el uso de la leyenda oficial para no duplicar información (obvio). Casualidad o no, ha ganado una propuesta que seguía esta recomendación.

Una pequeña retrospectiva

Respecto a los carteles de las ediciones anteriores, los ha habido mejores y peores, incluso algunos me han llegado a producir risa, llanto o estupor. El problema es que llega un punto en el que te acostumbras a la decepción anual por parte del Festival de Málaga en relación a su trato y escaso respeto a nuestra profesión. Incluso el último año que aparcó el concurso abierto para homenajear a un artista malagueño, volvió a errar. Hablamos del cartel de la 20ª edición encargado a Javier Calleja, gran artista al que admiramos, pero que no es diseñador ni cartelista. Javi acertó con su arte (impecable y fiel a su estilo), pero el Festival debería haber planteado el encargo con el apoyo de un diseñador que sí hubiera tenido en cuenta el recorrido de la obra y sus futuras aplicaciones.

Cartel del 20 Festival de Málaga, obra de Javi Calleja.

Conclusiones

¿Qué destilamos de todo esto? Pues que el Festival de Málaga seguirá teniendo una imagen mediocre si continúa apostando por concursos abiertos o por no contar de manera directa con profesionales del diseño gráfico.

¿Qué gana el Festival con este sistema? Tener cientos de propuestas a un coste cero, además de publicidad gratuita al compartir los participantes las páginas de votación.

¿Qué pierde? Credibilidad y la oportunidad de ponerse a la altura de otros festivales culturales que sí cuidan su identidad. Existen otras maneras mucho más lícitas y constructivas de conseguir repercusión, como tener una imagen profesional que sea celebrada por todo el sector del diseño.

Ya es por todos conocido el laureado y estudiado caso de éxito de Madrid y sus campañas gráficas de la pasada legislatura, con Manuela Carmena (Ahora Madrid) como alcaldesa de la ciudad y Nacho Padilla como director creativo del Ayuntamiento. Con criterio y profesionalidad, las cosas se pueden hacer muy bien.

Carteles de los Veranos de la Villa 2019 para el Ayuntamiento de Madrid por Cristina Daura.

Cierro el artículo con estas declaraciones del maestro Enric Jardí para TAGO artwork hace ya algunos años respecto al tema tratado:

“Todo el mundo puede tener una buena idea y puede ser capaz de plasmarla, pero esto no significa que los concursos de diseño sean algo bueno. Yo estoy en contra de los concursos de diseño abiertos. Creo que es un proceso absolutamente viciado y un abuso por parte de quien los convoca. Pienso que los diseñadores no deberíamos presentarnos a concurso. Además, normalmente los procesos de concurso (incluso los pagados), acostumbran a viciarse. Porque condicionan el tipo de encargo y el cliente espera de ti una actitud sumisa. Lo que quiere es poder ver muchas cosas para poder escoger. Y esto no ocurre con otras profesiones.”

Enric Jardí – Diseñador gráfico.

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