El diseño de lo cotidiano: La vaca que ríe

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Hoy vamos a buscarle pareja a nuestro mítico Toro de Osborne con una de las vacas más famosas que ha parido el mundo de las marcas y la publicidad: La vaca que ríe.

¿Qué edad le echas tú a este espécimen vacuno? ¡Ya te cuento yo la antigüedad del animalito! Un par de menos que mi abuela Antonia. Eso vienen siendo 92 años. ¿Qué te parece?

Sí, sí. La vaca lleva riéndose desde 1924 (¡cuánta tensión acumulada en la mandíbula!). Pero su historia empieza mucho antes, cuando Jules Bels funda en 1865 una pequeña empresa de quesos en Francia. Su hijo Léon se hizo cargo del negocio tras la Primera Guerra Mundial, y sacó al mercado el primer quesito en porciones del mundo mundial bajo la marca de La vache qui rit, en español La vaca que ríe.

El propio Bels dibujó una vaca sonriente (abajo a la izquierda) para el packaging, pero no le convencía mucho, todo hay que decirlo… Así que decidió ponerse en manos de un profesional, Benjamin Rabier, para que ilustrara su marca. ¿El resultado? El que ya conoces aunque, obviamente, con un aire un poco más “vintage” (el de la derecha). Respetó el color rojo de la vaca de Bels y añadió esos míticos pendientes tan discretitos.

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Aunque igual no te suena mucho su nombre, Benjamin Rabier (este señor de aquí abajo con cara de abuelo tierno de esos que compra chuches a sus nietos -aunque a algunos, si lo miran con malos ojos, les podría recordar a cierto infame personaje de bigotito-) empezó a trabajar en París en 1890, donde varias revistas decidieron publicar sus ilustraciones. Con el tiempo pasó de ilustrar los artículos de las revistas a crear álbumes completos de historietas.

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Uno de los más célebres es el álbum que tituló Tintin Lutin. ¿Te resulta familiar el nombre? Es en el que Hergé se inspiró años después para crear a su mítico y aventurero personaje Tintín, pues Rabier era un auténtico referente para el genio belga.

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No es de extrañar que el dueño de la marca La vaca que ríe encargara la ilustración a Benjamin Rabier. No ya porque fueran amigos, que lo eran, sino porque la obra de Rabier está plagada de animales: patos, conejos, ratones, elefantes…

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¡Y hasta aquí la historia de la vaca más feliz del mundo y de su creador! Un hombre que no sólo creó una vaca sonriente, sino todo un universo (lleno de animales) que, además, inspiró al Tintin de Hergé.

1 comentario en “El diseño de lo cotidiano: La vaca que ríe”

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