Eiko Ojala, ¿vienes o vas?

NY-Times-Eiko Ojala

El trabajo de ilustrador ya es, de por sí, un trabajo bonito, ¿no? Crear imágenes, retratar tu visión del mundo, componer escenas que nunca podrán suceder y que, por tanto, jamás podrás verlas en la realidad… Pero debe ser aún más bonito cuando haces cosas que dejan a la gente con la boca abierta y las patas colgando.

Eso fue lo que me pasó a mí cuando me encontré paseando por Behance con Eiko Ojala. Y es que la gente que tiene ese tipo de apellidos debe estar predestinada a hacer cosas chulas. Eso es así.

eiko-ojala-montañas

Eiko vive en Tallín (¿Cómo que eso qué es? ¡La capital de Estonia!) y habla un idioma que ni sé cuál es, ni tampoco entiendo. Pero lo maravilloso del arte es que, cuando el artista se pone a trabajar, se le entiende todo. Desde su pisito (igual vive en una mansión, pero yo me lo imagino en una pisito) de Tallín, el Señor Ojala crea ilustraciones que están casi siempre destinadas al mundo editorial; clientes como New York Times, Washington Post o HBO pueblan su currículum, y no es para menos.

Cirujía de Eiko Ojala

Dibuja a mano y trabaja lo analógico, pero lo curioso es ver sus ilustraciones y oírle decir que, sobre todo, trabaja la faceta digital. Y es que, por lo visto, más que un excelente trabajo con el cutter, Eiko ha dedicado mucho tiempo a perfeccionar su técnica con las luces y las sombras. Lo haga como lo haga, él no lo deja muy claro, por lo que pueda pasar. Pero el resultado es más que sobresaliente. O «bajoentrante»… Porque ahí reside la magia de sus obras, en que no se sabe qué está dentro y qué está fuera, qué sale y qué entra, qué está encima y qué está debajo, qué viene y qué va.

Ilustración de Eiko Ojala

¿De eso trata la magia, no? No sabes muy bien lo que has visto, no entiendes muy bien cómo se ha hecho, pero el buen truco es vistoso y resultón.

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