6 razones para saborear una postal

Ansiedad-de-Alejandro-Mora
Mis queridísimos todos, ya han comenzado nuestros Másters de Diseño Gráfico y no hemos podido resistirnos a crear un post en defensa de las postales Gauss y de todos sus beneficios.

Si eres uno de los que este año se enfrenta al gran reto, debes saber que se avecina un año duro. Así que, antes de que la vorágine de las entregas se apodere de ti, hemos querido presentarte esta media docenita de razones por las que debes aprender a valorar el momento de diseñar una postal.

Ya hace algún tiempo que desvelamos 10 claves para hacer una buena viñeta. Pero hoy no vamos de ese palo. Esta vez vamos a aparcar los pormenores técnicos de las postales, vamos a mirar más allá, en un rollete más reflexivo. Ahora que está tan de moda lo de meditar, y el coaching y todas esas movidas para “ser feliz”, es hora de confesarte que no hay nada como una postalita para espantar tus males. ¡Mano de santo, niño!

1. Haz lo que te dé la gana

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Postal “bolígrafo”, de Cris López (una servidora).

Cuando estés hasta “la pencoleta” de las condiciones que te imponen los briefings, te enfrentarás a tu postal semanal poseído por el mismísimo William Wallace cuando gritaba aquello de “¡Libertaaaaad!”.

Diseñar una postal libre de prejuicios y tabúes es un placer que vale la pena experimentar. Da igual lo sinvergüenza que pueda resultar, o lo atrevida, o lo cañera. Cuando te digan el concepto, tú hazte caso de este primer motivo y no dejes que te cohíba el qué dirán… ¡Sácalo!

2. Alimenta tu creatividad

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Postal “Calzoncillos”, de Alejandro Galiano.

En gran medida, como todo en esta vida, la creatividad también es cuestión de práctica. Obligarte a darle una vuelta de tuerca al concepto que te propongan es una buena excusa para poner en forma tu creatividad.

A veces nos de la sensación de que se nos ha secado el cerebro, pero no, siempre podemos exprimirnos el coco un poco más. Así que no te limites a caer en las obviedades y salir del paso ileso. ¡No te imaginas el gustito que da cuando de pronto se te enciende la bombilla!

3. Evádete de los problemas

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Postal “pollos”, de María Acuyo.

El estrés, las entregas, el tremendo yugo de la rutina… Problemas y más problemas a los que te puedes enfrentar de muchas formas distintas. Eso sí, en casi todos los casos, te van a costar una pasta (psicólogos, fiestas, comida…).

Sin embargo, nosotros te traemos un remedio infalible y gratuito: la postal. Podríamos hacerle un anuncio en plan Teletienda, o venderte la moto como curanderos, porque una buena viñeta puede llegar a ser el yoga del diseñador.

Tómate el diseño de tu postal como una forma de despejarte, como una bocanada de aire fresco que te ayude a dejar de pensar en todo aquello que te inquieta, te atormenta o te perturba (léase acompañado de un movimiento de manos a lo Esperanza Gracia).

4. Mejora tus habilidades como diseñador

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Postal “compañeros”, de Isa Nieto.

¿Tienes ganas de experimentar nuevas técnicas? ¿Te apetece hacer algo más orgánico? ¿O probar pinceles que hayas creado tú mismo? ¿Lettering quizá? La postal puede ser la ocasión idónea para hacer pruebas y dedicar un ratito a mejorar tus habilidades. Se podría decir que las postales son de cascarilla, así que son perfectas para una toma de contacto. Puede que en la postal la cosa se te de bien y te suponga ese empujoncito que te hacía falta para decidir usar una nueva técnica en tu próximo proyecto gordoncho. ¡Nunca sabes cuánto te puede llegar a gustar algo hasta que lo pruebas!

5. Diviértete con lo tuyo y con lo ajeno

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Postal “abrazos”, de Juan Alcalá-Zamora.

Los grandes placeres de esta vida son generosos. Tanto es así que a veces, uno llega a disfrutar más con lo ajeno que con lo propio… ¡Qué te vamos a contar! Pues bien, con las postales pasa lo mismo.

Conforme pase el tiempo, descubrirás que vas a disfrutar mucho de tu propio proceso, pero más aún con las interpretaciones que harán tus compañeros del mismo concepto. Aprenderás de ellos, te abrirán la mente y sobre todo, te reirás. Porque la mayor parte de las veces, las postales son un festival de humor e ironía.

6. Ajusta cuentas pendientes

Postal “no”, de Vito Portillo.

De toda la vida de Dios una viñeta ha sido el soporte perfecto para repartir candela. Todos tenemos “cositas incómodas” que decir a alguien y que no nos atrevemos. Pero ojo, una postal no tiene más destinatario que aquel se da por aludido. Así que plantéatelo, aprovecha tu postal para mandar esa indirecta que te corroe por dentro.

Y aquí termina nuestra media docena de razones. Deja que empieces a familiarizarte con ellas y ya nos contarás qué tal. Estamos seguros de que dentro de un par de meses desearás que llegue el ratito de diseñar una postal. ¡Tiempo al tiempo, verás que es una terapia fetén!

1 comentario en “6 razones para saborear una postal”

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